Gran obra y de gran complejidad. Vamos allá.
Para abordar la novela, esbozar la trama puede servirnos. Las
campanadas del Big Ben nos acompañan a lo largo de un día, el día
de junio en que Clarissa Dalloway organiza los preparativos de la
fiesta que celebrará esa misma noche. Clarissa compra flores, cose
su vestido, dirige a los criados, y entre todo este ajetreo, recibe a
Peter, un amigo de la adolescencia, que le revolverá tanto sus
sentimientos como sus pensamientos a los que asistimos.
Simultáneamente, Septimus Warren, un joven que acaba de volver del
frente, sufre sus secuelas en forma de apariciones de su amigo
muerto, Evans, en forma de una gran depresión y amenazas de
suicidio. En este día, su locura es diagnosticada por un médico,
amigo de Clarissa, éste representante de la autoridad y el raciocinio
le manda reposar en un asilo, lejos de su mujer.
Woolf es muy hábil, no solo estas dos "historias" se
enlazan y entrecruzan, sino que están íntimamente unidas, junto con
los demás personajes, en una narración que fluye de una mente a otra.
Sin embargo, no se trata simplemente de un seguido de monólogos,
puesto que no solo retrata el pensar del sujeto ante el mundo, sino
que hace una radiografía completa e híper-realista de la experiencia
del presente. Los personajes se nos presentan y se constituyen en
esta relación con el tiempo, y esta experiencia es tanto mental como
sensible. Por ejemplo, Septimus está yendo al médico con su mujer,
Rezia, y pasa un avión, este avión despierta en él los recuerdos de
las batallas, oyendo retumbar en su cabeza los disparos y gritos. Y
lo más interesante, es que Clarissa también anda por la calle y oye
el mismo avión, aunque evidentemente, de ella surgen otras
asociaciones que son descritas inmediatamente, puede ser que sin la distancia de otro párrafo, creando así una sensación de simultaneidad. Otro elemento que une a los personajes, son las campanadas del Big Ben, que pautan el ritmo subjetivo frente al Tiempo convencional.
Gracias a estos elementos que cumplen la función de un raccord
espacial, que es la ciudad de Londres en la posguerra, enlazando así los personajes, la voz narrativa -no debemos
confundirnos, no es la de ningún personaje concreto aunque se trate
de un monologo- puede deslizarse entre las diversas vivencias que un
mismo día, con sus eventos y fenómenos, suscita en los distintos
personajes.
Este trabajo en la forma de la novela, no solo lo encontramos en la
cuestión del tiempo, sino que también hay una problemática que
Woolf plantea como escritora. En este vaivén de múltiples mentes nos
encontramos leyendo el discurso propio de personajes masculinos y
femeninos; debemos estar atentos, aunque cada mente muestra su
especificidad, entre todas la identidad sexual propia, Virginia Woolf
es capaz, como mujer, de imaginarlas todas y de conferirles la
veracidad que cualquier lector va a reconocer. Y esta es una gran
aportación a la literatura escrita por mujeres, que hasta el
momento, no había trabajado en profundidad los personajes
masculinos, o solo los había comprendido en su relación con la mujer
-según la crítica de la misma autora-.
El mítico prejuicio de que Woolf es difícil no es falso. Sin embargo, su dificultad llega a gozarse con una lectura atenta, propia de la poesía, una lectura que no busca los acontecimientos, las explosiones emocionales, etc. Debemos tener paciencia, y es así como Woolf nos recompensará y sorprenderá.
Virginia Woolf
Alianza, 2011
10,9e








